¿CERCENAR LA FORMACIÓN EN TIEMPO DE CRISIS?
Cuando se vislumbran en el horizonte sombras de incertidumbre sobre el futuro de la situación económica y el fantasma de la crisis hace su aparición en escena, es frecuente que las empresas, para hacer frente a esta situación, se vean forzadas a tomar medidas. Las crisis económicas se convierten en la prueba de fuego de las empresas cuando se presentan. Hay empresas que reaccionan adecuadamente y establecen una revisión de sus estrategias a distintos niveles. Otras, se dejan llevar por el momento y reaccionan instintivamente adoptando una política económica restrictiva. Como medida preventiva y, a veces, lamentablemente, como única solución, surgen desde ciertos departamentos financieros directrices rígidas: reducción de presupuestos, recorte de asignaciones, posposición de proyectos, de ampliaciones, de inversiones... Se devuelven con negativas muchas propuestas, no se autorizan operaciones con riesgos, mientras se extiende la consigna amenazante de supresión general de todo tipo de gastos. Cuando los dirigentes no pueden o no saben reaccionar de manera sensata al acoso de la crisis, y se dejan llevar irreflexivamente por tales consignas, hay tres áreas que con frecuencia se ven afectadas de inmediato y suelen ser la Investigación, la Formación y la Publicidad. Precisamente porque se puede generalmente suprimir de un golpe del balance cantidades importantes, sin que la actividad productiva o comercial se vea directamente afectada. Con este recorte tranquilizan a sus responsables y creen haber hecho frente a la crisis sin necesidad de afrontar otro tipo de decisiones estratégicas arriesgadas con visión a largo plazo, que supondrían una actitud más proactiva y menos reactiva de la alta dirección. Me parece una postura tan irresponsable e insensata como la de los fogoneros de esas máquinas de tren tan antiguas que viendo que el mercancías no puede con toda su carga en una gran pendiente, optaran por desprenderse como lastre del carbón que alimenta la caldera. Un enfoque acertado de la gestión directiva, por estar más fundamentado y ser más científico, aconseja no sólo respetar en lo posible y en gran parte en los momentos de crisis aquellas inversiones que se refieren a la estrategia a largo plazo del negocio, sino incluso potenciarlas. Este enfoque posibilita que la empresa pueda mantenerse en el mercado y seguir compitiendo gracias a la fuerza de su imagen, a la calidad de su producto y de su servicio conseguidos y a la integración y responsabilización de los empleados en la aventura empresarial. Interrumpir este proceso, hacer que se detenga o se debilite, puede suponer en un futuro haber dilapidado unos recursos que supusieron mucho esfuerzo para llegar a esas cotas alcanzadas. Las pérdidas no aparecerán de inmediato en el balance y podrán hacer creer que nada adverso ha sucedido, pero una empresa que renuncia al mantenimiento de las inversiones que garantizan su subsistencia en el mercado, y no olvidemos que la Formación es una inversión y no un mero gasto, no tardará mucho en acusarlo en la disminución de sus posibilidades competitivas. No dilapidemos nuestra energía, vital para el futuro. En esta situación tienen una importancia excepcional las actitudes de los responsables y colaboradores. No es infrecuente en épocas de crisis, y además es fácil, que se decida también abordar la reducción de gastos a costa de incrementar los niveles de desmotivación y descontento de los colaboradores. La reducción conseguida de esta manera es aparente, pues lo que se consigue por un lado, se pierde con creces por otro, ya que el rendimiento general desciende, se pierden oportunidades de negocio y se enrarece el clima de trabajo; en una palabra, la desmotivación hace aflorar también sus costes económicos que normalmente y a la larga superan los ahorros de inmediato conseguidos. Para poder reducir costes superfluos y para plantearse en determinados casos una política más restrictiva -nunca supresión- en las áreas de Investigación, Formación y Publicidad, es preciso contar con la contribución y apoyo voluntario de responsables y colaboradores. Y esto supone una política especial de recursos humanos preocupada por la motivación del personal. Cuando hablamos de motivación no nos referimos directamente a los aspectos económicos de las retribuciones sino más bien a las directrices, valores y estilos de los dirigentes que favorecen que el personal se sienta interesado por su trabajo. Las empresas con actitud clarividente no sólo no descartan, sino que incrementan en tiempo de crisis sus esfuerzos por la formación. Nuestro país, donde la formación está empezando a ser factor imprescindible de actualización y competitividad, no puede permitirse renunciar a ella a causa de inconscientes y erróneos reflejos defensivos. Como estrategia ante la crisis, desde el Instituto de Psicología Empresarial invitamos a las empresas españolas a hacer un replanteamiento general, que normalmente incluirá el reforzar las propias políticas de formación y el revisar con detalle y con la colaboración creativa del personal los sistemas de producción y comercialización y hacerlos competitivos, a base más bien de descubrir fallos y costes ocultos, presentar mejoras, descubrir nuevas estrategias comerciales, y no a base de cercenar las inversiones que garantizan la subsistencia futura porque mantienen la buena imagen externa e interna de la empresa. Es cierto que en algunos casos y como últimas medidas incluso puede llegar a replantearse la dimensión y distribución de recursos, nuevas alianzas y aspectos reestructurativos que miran a la estrategia global de empresa. Aún en estas situaciones habrá que procurar mantener en lo posible los valores adquiridos, las inversiones más costosas empleadas en los recursos y las posibilidades de recuperación futura. También para implementar estas nuevas decisiones será necesaria la Formación.